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Discurso inaugural del V Congreso Internacional del CLAD

José Natividad González Parás Presidente Consejo Directivo del CLAD

Señor Presidente de la República Ing. Hipólito Mejía; Señor Secretario General y Señores Consejeros del Centro Latinoamericano de Administración para el Desarrollo; Señores representantes de los distintos organismos internacionales que auspician este V Congreso Internacional; Señoras y Señores:

Estas tierras dominicanas fueron hace poco más de quinientos años el primer punto de encuentro de dos civilizaciones, de dos mundos diferentes. Los navegantes que vinieron de la Península Ibérica se encontraron con el universo precolombino de la América Latina. Fue el encuentro de distintas visiones que permitieron con el paso del tiempo construir una nueva sociedad, con una nueva idea cosmogónica de un continente americano, entonces recién descubierto. Hoy, aquí en Santo Domingo, se vuelve dar un punto de encuentro, ahora de instituciones y personas interesadas por el tema de la Reforma del Estado y de la Administración Pública.

Este V Congreso Internacional, sin duda el más importante del mundo en su género, congrega también las diversas visiones de los que debe ser el Estado moderno; diversas experiencias de lo que debe ser el buen gobierno, diversas situaciones comunes que los pueblos iberoamericanos debemos encarar para resolver nuevos y ancestrales problemas. Los Estados de nuestras respectivas naciones ciertamente se han transformado con el andar del tiempo. Los autoritarismos monárquicos de entonces dieron paso en la época final de la colonia a los nuevos caminos de la vida democrática. Estos caminos, con bifurcaciones y retrocesos, no tuvieron una evolución sincrónica y, cada nación protagonizó las modalidades de su propia vivencia en lo social y en lo político.

En América Latina vivimos durante muchos años las consecuencias limitantes de un colonialismo político que sería luego sustituido por el económico así como de esquemas autoritarios, que aún en la independencia y en la autodeterminación, obstaculizaron enormemente nuestras potencialidades de desarrollo. Hoy, en los umbrales de un nuevo milenio nuestras sociedades experimentan cambios y transformaciones que nos sitúan ante escenarios inéditos que representan ciertamente riesgos pero también grandes oportunidades. Tres fenómenos han caracterizado a esta época de fin de siglo: la globalización; la revolución tecnológica de las comunicaciones y de la información y, la institucionalización de la normalidad democrática en la vida política de los países. La globalización nos ha acercado, ha construido lazos irreversibles de interdependencia creciente, nos ha hecho cada vez más ciudadanos del mundo.

La globalización está construyendo espacios de vinculación supranacional en razón de afinidades territoriales o de interés común como es justamente el caso de Iberoamérica. La revolución tecnológica de las comunicaciones ha transformado muchos órdenes de la vida social, económica y gubernamental; ha aumentado la eficacia de las organizaciones y la velocidad de los procesos de producción de información y de toma de decisiones y se ha convertido en palanca clave para la modernidad y el progreso. La democracia es ya una constante en la vida de los pueblos y, en nuestra región ha creado una dinámica irrefrenable que nos aleja cada vez más de dictaduras y autoritarismos. La democracia ha contribuido a consolidar las libertades y ha generado que, aún frente a los grandes retos del subdesarrollo y la pobreza, haya mejores condiciones para un crecimiento estable y un proceso más equitativo. Estos tres fenómenos, globalización, revolución tecnológica y democratización han influido favorablemente en los procesos de cambio de los Estados nacionales.

Los Estados de fin de siglo, tienen como consecuencia de lo anterior dos grandes retos, la democratización de la esfera pública y la eficacia de las instituciones gubernamentales. Estos dos elementos, democratización y eficacia son supuestos indispensables y ejes rectores de las reformas del Estado que en este Congreso habrán de ser discutidas y analizadas. Estas dos premisas sumadas, generan la expresión de lo que debe ser la operación óptima del Estado contemporáneo; la gobernabilidad democrática. La democratización del Estado se da cuando hay transformaciones que generan auténticos equilibrios en la distribución de los poderes públicos. Esto es importante sobre todo en nuestra América Latina, ya que con el fortalecimiento de los Poderes Legislativo y Judicial y con el redimensionamiento y acotamiento de un Ejecutivo omnipresente e hipertrofiado, nos alejamos cada vez más de regímenes presidencialistas que propiciaron poderes excesivos, centralismo burocrático, atrofiamiento de los niveles locales de gobierno y de la participación ciudadana.

Un Estado democrático requiere de contrapesos y balances, de instituciones electorales autónomas, de descentralización política y administrativa, de participación de la sociedad en los asuntos públicos y de la vigencia plena del derecho. Un Estado democrático requiere construir y consolidar nuevas instituciones autónomas de gobierno en la banca central, en el campo de los derechos humanos y en los mecanismos de fiscalización y control de los propios poderes públicos. Un Estado democrático requiere también de instrumentos tributarios equitativos y de políticas públicas que reduzcan la desigualdad entre las diferentes clases sociales. Por otro lado, el Estado debe ser eficaz. La eficacia se traduce en calidad en el servicio público, en transparencia, en eficiencia y modernidad administrativas, en profesionalización del servicio público. El Estado eficaz, independientemente de la orientación ideológica que el pueblo determine en las urnas, debe propiciar la simplificación y la mejora regulatoria, el combate a la corrupción, la planeación estratégica que dé cauce a proyecciones de mediano y largo plazos y al desarrollo regional equilibrado. Un Estado eficaz debe impulsar el establecimiento de una carrera pública que asegure la estabilidad en la función, el mérito y una nueva cultura administrativa de servicio al ciudadano. Un Estado eficaz debe contar con instrumentos adecuados de control y evaluación del desempeño de las instituciones públicas. Un Estado eficaz debe incorporar definitivamente los avances de la informática y de la comunicación a distancia para facilitar el derecho a la información y un mejor servicio al usuario. Cuando se suma en la ecuación, democracia y eficacia, se suma la buena política y la buena técnica; cuando se suma en la ecuación democracia y eficacia en el Estado hay gobernabilidad democrática, cuando hay gobernabilidad democrática, hay legitimidad del gobernante, estabilidad política, confianza para la inversión productiva; hay armonía social y mejores condiciones para lograr progreso y desarrollo con justicia.

La gobernabilidad democrática como seguramente se verá en este Congreso debe ser pues desideratum, es decir objeto y fin de la reforma del Estado. Señor Presidente, Señoras y Señores, el Centro Latinoamericano de Administración para el Desarrollo es un Organismo Intergubernamental Iberoamericano que desde su fundación ha pretendido ser un punto de encuentro para compartir experiencias y para propiciar la imaginación creativa que lleve a nuestras naciones a contar con estados más eficaces y con administraciones públicas más eficientes al servicio del hombre. Queremos por ello dejar constancia de nuestro reconocimiento más amplio para los gobiernos y sus instituciones y personas que han hecho posible estos espacios comunes de reflexión crítica y propositiva en la materia. Le agradecemos particularmente a Usted su solidaridad y anfitrionía así como a los responsables de las dependencias que en su gobierno nos han apoyado en calidez y entusiasmo.

Reconocemos también la participación destacada de los conferencistas magistrales, de los coordinadores de mesas de trabajos y de los más de trescientos cincuenta panelistas que le han dado seriedad y altura al programa que habrá desarrollarse en los siguientes días. Agradecemos al patrocinio de las organizaciones internacionales que han apoyado permanentemente a las tareas del CLAD y que ahora una vez más se hacen presentes y, agradecemos desde luego, a los más de mil participantes que han viajado de distintos rincones del mundo para aportar sus conocimientos y abrevar de lo que aquí se discuta y exponga.

El reto que todos tenemos, desde las amplias trincheras de la academia, de la función pública o desde grupos diversos de la sociedad, es orientar adecuadamente el esfuerzo transformador de la esfera de lo público hacia horizontes que nos permitan avanzar más rápido en el camino del progreso y del deseable desarrollo, tantas veces diferido de nuestros pueblos. El reto que todos tenemos, en el campo de la política y de la gestión gubernamental es asegurar, lo repito una vez más, que haya democracia y eficacia en nuestros gobiernos, que logremos sortear las tentaciones de dar marcha atrás hacia modelos de una organización estadual que ya ha sido superada y que no corresponde a los tiempos modernos. El reto que todos tenemos, es aprender de los demás lo que valga la pena y lo que no valga la pena. El reto que todos tenemos, es aportar lo mejor de nosotros mismos para que las generaciones que vienen vivan mejor y sigan transitando por los caminos interminables y siempre mejores de la historia. Muchas gracias.

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